En el mundo occidental el consumo de carne vacuna se suele asociar con una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares y es común que médicos y nutricionistas recomienden limitar su ingesta (1).

La información sobre la composición de la carne vacuna disponible no siempre es la correcta dada la enorme variación entre músculos y el efecto de todos los factores inherentes a la producción de ganado. En países con gran disponibilidad de carne vacuna, como por ejemplo en la Argentina, el problema es que quizás por falta de información correcta sobre la composición de la misma, estemos dejando de consumir una excelente fuente de proteínas, vitaminas y minerales o peor aún reemplazándola en forma inadecuada. Se ha magnificado, en líneas generales, el aporte de lípidos y colesterol de la carne vacuna.

La dieta y en particular el componente lípido de la misma son considerados responsables de varias enfermedades y la complejidad inherente al análisis de los lípidos así como los distintos efectos fisiológicos de los mismos añaden dificultades en la optimización de la dieta del punto de vista del aporte lipídico. Los ácidos grasos presentes en los alimentos son sumamente complejos. Tenemos ácidos grasos de cadena corta, media y larga, saturados, con 1 a 6 dobles ligaduras, de configuración cis o trans, esenciales o no y pertencientes a diversas familias de acuerdo a la ubicación de la primera doble ligadura a partir del grupo metilo terminal. Estas familias no son interconvertibles entre sí y existen fenómenos de competición e inhibición entre ellas. Las familias más importates son las n-3 y n-6 más conocidas como Omega 3 y Omega 6. En los últimos años un representante de la familia n-9, el ácido oelico ha adquirido gran importancia.

La elevación del colesterol total y en especial al asociado a las proteínas de baja densidad (LPL) en el plasma se considera como un factor de riesgo en el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares. El efecto de los distintos ácidos grasos en el colesterol plasmático se puede simplificar diciendo que los saturados lo elevan y los poliinstaurados lo bajan. El tema no es tan sencillo y por ejemplo un ácido saturado como el esteárico es actualmente considerado de efecto neutro. Un importante volumen de trabajo (2, 3) está dedicado a diferenciar el efecto de los distintos ácidos grasos saturados y de los trans sobre el colesterol plasmático (niveles de absorción, ubicación en la molécula del triglicérido, largo de cadena, otros ácidos en la dieta, tiempo de administración, etc.). Estudios similares se llevan a cabo con el ácido oleico, destacado integrante de la dieta mediterránez, tratando de diferenciar sus efectos de los de los ácidos grasos más instaurados.

La teoría lipídica sobre el efecto de los lípidos en las enfermedades cardiovasculares tiene muchos puntos obscuros que estudios apoyados en técnicas de reciente desarrollo como por ejemplo el uso de radioisotopos no radioactivos, irán sin duda alguna aclarando y confirmando estudios anteriores.

El colesterol es un componente normal de los tejidos animales y está presente en todas las carnes. Su importancia en la dieta ha sido sobrestimada y muchos resultados atribuidos a los niveles de colesterol de la dieta son debidos a los ácidos grasos saturados que los acompañan. La respuesta a la ingesta de colesterol es muy variable y depende de la especie, del individuo y en última instancia de los mecanismos de regulación del individuo ante un exceso de colesterol en la dieta.

Las recomendaciones generales sobre el consumo de lípidos en la dieta varían según el origen pero en general se considera que no es aconsejable consumir más de 30% de energía a partir de grasas de la dieta. La mitad de ese 30% debería provenir de ácidos grasos moninsaturados y el 15% restante repartido entre saturados y poliinsaturados. Los niveles de colesterol en la dieta no deberían sobrepasar los 300 mg. diarios.

La Argentina produce tradicionalmente su ganado bovino en condiciones extensivas de pastoreo. Esto lleva a la producción de ganado con carnes mucho más magras que las provenientes de sistemas intensivos con alimentación tipo "feedlot". Diversos autores han demostrado los menores niveles de grasa intramuscular del animal en pastoreo aún a similares niveles de terminación (4, 5). Esto concuerda con el concepto generalizado de que el animal sobre pasturas no alcanza el nivel de terminación o engrasamiento del animal en "feedlot".

En un trozo de carne tenemos dos tipos de lípidos: lso lípidos de depósito o disecables formados casi exclusivamente por triglicéridos y los intramusculares (grasa intramuscular o veteado de la carne). Estos últimos son los realmente importantes desde un punto de vista nutricional y están formados por fosfolípidos, triglicéridos, colesterol, ésteres del colesterol, ácidos grasos libres, etc. Los triglicéridos son más saturados pero los fosfolípidos son muy ricos en ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) (6) y contribuyen en forma muy importante a los lípidos de la carne magra.

En un sistema de producción sobre pasturas el efecto nivelador del proceso de biohidrogenación ruminal hace que la composición de las distintas fracciones sea bastante constante y por lo tanto la cantidad de lípidos intramusculares modula la composición en ácidos grasos finalmente disponibles. Mucha grasa intramuscular gran predominio de triglicéridos, poca grasa intramuscular gran aporte de fosfolípidos. Un alto grado de correlación negativa entre cantidad de grasa intramuscular y aporte de PUFA fue determinado en forma experimental.

Los lípidos intramusculares se depositan generalmente cerca de los vasos sanguíneos, en forma irregular dentro de cada músculo. Las células adiposas suelen ser más pequeñas que las del tejido adiposo disecable y su actividad enzimática está más asociada al número que al tamaño como ocurre en el tejido adiposo disecable. Los factores que inciden en la cantidad de lípidos intramusculares son, además del músculo seleccionado, casi todos los relacionados con las distintas etapas de producción: edad, sexo, peso vivo, raza o cruza, velocidad de crecimiento, clima, etc., pero esencialmente al nivel de gordura y a la dieta. Existe un esquema de distribución de los lípidos intramusculares que permite en un animal determinado la separación de músculos según su nivel de gordura.

La diversidad de factores que inciden en los lípidos intramusculares de la carne complican su predicción pero al mismo tiempo ofrecen una enorme cantidad de posibilidades para su adaptación a los requerimientos nutricionales actuales. La consencuencia de estos efectos es la necesidad de definir nuestro sistemas de producción destinados a la obtención de un producto carne bovina perfectamente diferenciado. Si no lo hiciéramos caeríamos en un estado de confusión como al que llevó a la carne bovina a la situación actual: utilización de datos composicionales de animales de distinto sexo, pesos y edades al sacrificio, razas, niveles de engrasamiento, confusión entre carne y productos cárnicos, etc.

Con respecto a la carne vacuna producida en el país en nuestros sistemas extensivos tradicionales sobre pasturas, diversos estudios del INTA indicaron en forma concluyente los bajos niveles de grasa intramuscular de la misma (7, 8, 9, 10). En la figura 1 se presentan los resultados correspondientes a tres músculos importantes de la res provenientes de más de 400 novillos, representativos de nuestro sistema de producción y con niveles de grasa corporal entre 10 y 30%. Un porcentaje de grasa de la res del 20%, compatible con una buena calidad de carne indica para el Longissimus un valor de 2,8%, 1,7% para el Semitendinosus y 4,0% para el Psoas major. La distribución de estos valores se presentan en la Figura 2 e indica el gran predominio de músculos con bajos niveles de lípidos intramusculares. Los coeficientes de variación fueron del alrededor de 30% lo cual es bajo si se considera la gran variabilidad de los animales del ensayo.

Los resultados correspondientes a cortes de carne de novillo Angus producidos comercialmente (8) con un nivel de grasa 1 (Ex JNC) SE PRESENTAN EN LA Figura 3.

Estos resultados indican que la incidencia de estos niveles de grasas presentes en la carne en los niveles máximos recomendados son mínimos resaltando la importancia del aporte lípido de los restantes componentes de la dieta.

En la figura 4 se presenta como ejemplo la composición media en ácidos grasos de los lípidos intramusculares del músculo Longissimus dorsi. Se remarcan en la misma los ácidos grasos hipercolesterolémicos, mirístico y palmítico contrarrestados por el alto aporte de ácidos grasos monoinstaurados y de PUFA.

Los niveles de colesterol en varios cortes vacunos comerciales comparados con carne de pollo y pescado (11) pueden verse en la figura 8. Estos valores coinciden con datos de la bibliografía (12). Los mayores niveles de colesterol de la grasa externa respecto de la parte muscular hace que la carne muy infiltrada de grasa presente valores de colesterol ligeramente superiores.

Como hemos visto la dieta, grano o pasto, afecta principalmente la cantidad de lípidos o grasa intramuscular, la composición en ácidos grasos y en forma relativa la cantidad de colesterol. Los rumiantes hidrogenan los lípidos altamente instaurados de la dieta, ácido linolénico en el caso de los pastos o ácido linoleico en el caso de los granos. Si bien el proceso de biohidrogenación o sea de conversión a ácido esteárico es muy eficiente, algo de esos precursores emergen inalteradas del rumen y son utilizados por el animal. Ello determina una mayor presencia de ácidos linolénico y metabolitos de n-3 en los tejidos del animal sobre pasturas respecto del animal suplementado con grano (Figura 9). Dada la excesiva relación de ácidos grasos n-6/n-3 en la dieta actual y las escasas fuentes disponibles de n-3 esta característica de nuestra carne vacuna puede ser importante.

Concluyendo podemos decir que la carne vacuna magra, libre de grasa externa, producida en sistemas extensivos sobre pasturas contribuye mínimamente a la ingesta lípida total lo que permite que pueda ser incorporada fácilmente a cualquier dieta nutricionalmente balanceada. Sus niveles de colestaerol son similares o aún menores que los presentes en otro tipo de carnes. El aporte de ácidos grasos hipercolesterolémicos se reduce a los ácidos mirístico y palmítico. Presenta altos niveles de ácido oleico y es una fuente de ácidos grasos n-6 y n-3. La relación de ácidos grasos n-6/n-3 es más favorable en la carne vacuna producida en pasturas que en la proveniente de sistemas intensivos suplementados con grano.

por Dra. Pilar Teresa García

Bibliografía

1. Kris-Etherton, P. M. Krummel, D., Dreon, D., Mackey, S., Borcher, S., Wood, P. D. The effect of diet on plasma lipids, lipoproteins and coronary heart disease. J. Am. Diet. Assoc. 1988; 88: 1373-400.
2. Denke, M. A. Role of beef and beef tallow, an enriched source of stearic acid, in a cholesterol-lowering diet. Am. J. Clin. Nutr. 1994; 60 (suppl.): 1044S-9S.
3. Grundy, S.M. Influence of stearic on cholesterol metabolism relative to other long-chain fatty acids. Am. J. Clin. Nutr. 1994; 60 (suppl.): 986S-90S.
4. Marmer, W. N., Maxwell, R. J. & Williams, J. E. Effects of dietary regimen and tissue site on bovine fatty acid profile. J. Anim. Sci. 1984; 59: 109: 121.
5. Crouse, J. D., Cross, H. R., Seideman, S. C. Effect of a grass o grain diet on the quality of three beef muscles. J. Anim. Sci. 1984; 58: 619-625.
6. Allen, C. E., Foegeding, E. A. Some lipid characteristics and interactions in muscle foods. A review. Food Technol. 1981; 35: 253-260.
7. García, P. T. , Casal, J. J. Intramuscular vs. dissected body fats in grass fed steers. Proceedings 38th International Congress Meat Scince & Technology. 1992; 2:57-60.
8. García, P.T., Castro Almeyra, A. Lipids in argentine beef cuts. Proceedings 38 th International Congress Meat Science & Tecnology, 1992; 2: 65-68.
9. García, P. T., Casal, J.J. Lipids in argentine beef. Fleischwirtsch 1993; 73: 755-756.
10.  Garcia, P.T., Casal, J.J., Pensel, N. A., Margarita, C. A. Lipids in lean beef. Proceedings 41st. International Congress Meat Science & Technology, 1995: pp 58-59.
11. García, P.T., Pencel, N. A., Margarita, C. A. Intramuscular fat and cholesterol in beef and poultry meats. Proceedings 40 th International Congress Meat Science & Technology, 1994: W-1.05.
12. Rhee, K. S., Duston, G. C., Smith, G. C. Effect of changes in intramuscular and subcutaneous fast levels on cholesterol content of raw and cooked beef steaks. J. Food Sci. 1982; 47: 1638-1642.

 

Figura 1

Figura 2

Figura 3

Figura 4